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El aprendizaje de los componentes básicos de las ciencias naturales es uno de los obje-
tivos centrales de la educación primaria. Este carácter prioritario, que se había señalado
en los planes oficiales desde hace tiempo, ha sido acentuado a partir de la vigencia del
Plan de Estudios 1993, que le da a este campo formativo una importancia sólo superada
por la que se asigna al dominio del lenguaje y de las matemáticas.
El valor educativo que se otorga al aprendizaje de las ciencias naturales se fundamen-
ta en razones de distinto orden. En primer lugar, en el convencimiento de que pocas
experiencias pueden ser tan estimulantes para el desarrollo de las capacidades intelec-
tuales y afectivas de los niños como el contacto con el mundo natural y el despliegue de
sus posibilidades para mirar los fenómenos, seres y objetos de la naturaleza, aprender a
observarlos, preguntarse cómo son, qué les ocurre y de qué manera se relacionan entre
sí. Estas posibilidades tienen su fundamento en la curiosidad espontánea y sin límites
que tienen los niños hacia lo que les rodea, curiosidad que por desgracia disminuye
hasta desaparecer cuando se topa con la indiferencia y la ignorancia de los adultos o con
una educación escolar rutinaria, memorista y carente de vitalidad.